domingo, 21 de julio de 2013

Casi moral.

Escribes una y otra vez y te has perdido en el pantano de las letras, qué fácil sería fabricar ficción (pensaríamos algunos), a la protagonista la ubicamos en una escena de sangre, mucha sangre, mientras llora y en su mente tiene destellos del pasado, un pasado ecléctico, donde esta la solución de su sanguinolento dilema, bien, ahora saquemos del lodo esto, que el lenguaje se vuelva un nítido proyector de la ficción, eso se convierte en otro dilema y hazaña pero ahora de la realidad.
Pero mientras tanto he decido rescatar algo que escribí en un fallido trabajo de Ética y orientación sexual, en este momento de mi existencia no me dice mucho el tema, pero tiene una notable calidez digna de libro motivacional.

Todos nosotros en el equipo hemos llegado al consenso sobre este tema, es importante ser honestos con nosotros, dejar a un lado las creencias y disfrutar la vida. Pese a que a veces en la práctica puede ser difícil aplicar estas conclusiones, tenemos que ser valientes, amar la vida y tener valores, que son una herramienta para llegar a la felicidad y a la plenitud. 

Los valores están en la esencia, no son engorrosas prácticas moralinas que nos hacen creer, en ese momento use la palabra plenitud como mero cliché, y el trabajo es largo e interesante para la extraordinaria rapidez con la que tuve que elaborarlo, lamentablemente lo anulo el profesor, pues descubrió que era un trabajo individual (ese individuo era yo) cuando debía ser un trabajo de equipo 
Ahora quiero cerrar los ojos y que la ficción destruya al mundo.

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