Ficción para novatos
Ella -diré que elegí este nombre al azar pero francamente no- Natalia, siempre había cuidado punto por punto sus deberes, desde niña daba muestra de un orden excepcional, y así hubiera seguido siendo si las cosas no cambiaran, por suerte en este caso solo cambian un instante, un instante destructor, creador, trasgresor; era una arisca tarde de marzo, el sol la bañaba, contemplaba las nubes blancas, distribuidas como lana de borrego -los días aún podían ser algo fríos- su cabeza estaba perdida en aquellos cuentos de H.P Lovecraft, el mundo era agotador y simple, tal vez se acaba de repente, todo se esfumaba y nos volvíamos nada, sí, tanto la suciedad de los escalones del metro como la fruta más hermosa del mundo -para ella- los duraznos y la distancia entre Valdivia y Amealco, todo eso dejaría de existir.
El mundo y ella se separan, son paralelos pero distintos, dice que sí a alguna especie de invitación de aquel chavo que la pretendía, se ve pequeño y cálido; como si se tratase de una película, el cuadro cambia, unas cortinas grises, una lampara de pantalla azul, inicia la guerra...
-Continua-
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