martes, 23 de junio de 2015

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Había un hombre rebelde
al que después de un buen raspón le salían almendras en vez de costras
que tenía ojos de plasma
pero cuencas oscuras como una mina de muerte
y era tan alto a veces como las nubes, otras como la neblina.
Con una mueca suya y dos dientes de ajo
llenaba los huecos y grietas del mundo con pegamento
hacía que los naranjos dieran uvas.
Y la vid, el ajenjo
amplificaban su corazón.
se ponía a pintar estrellas, ríos, corales
o construía un pedregal con botellas de refresco
Los verbos eran más bellos en su boca
que dejaba cebada a la blasfemia
Pero era rebelde y quería una condena
Se arregló con el reloj suicida
que le empezó a quitar girones de vida
hasta que su vida desapareció
y se volvió otro miembro

del panteón de las ideas..

sábado, 20 de junio de 2015

El tópico infinitamente breve.

La primer novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, se puede entender como un importante parteaguas del realismo mágico latinoamericano, causando honda inspiración en las generaciones venideras de escritores latinoamericanos; esto debido a la gran originalidad y peculiaridad de la obra, con una temática fuertemente folclórica pero a la vez universal gracias a ciertas novedades literarias desarrolladas mediante una  estructura no lineal y elementos de fusión entre la realidad y un mundo mágico, donde existen valores y posibilidades más allá de lo convencional, como si los mundos que se crean en nuestros sueños despertaran con nosotros y se instalaran en el mundo real; o sea, el llamado realismo mágico más arriba citado.
Aunque en el caso de Pedro Páramo, el mundo que se nos viene abajo, no es el de los sueños, sino el de los muertos, un personaje que parece al inicio de la novela nuestro narrador e inclusive protagonista, Juan Preciado (cuya identidad sabremos poco a poco, al inicio solo tendremos como dato exacto que es hijo de Pedro Páramo) va caminando por el campo cuando se encuentra con un arriero y le explica sus propósitos, llegar a Cómala a ver a su padre Pedro Páramo, por petición de su madre, quien acaba de morir, para reclamarle los que les pertenece, a partir de ahí la obra ya cuenta con una interesante carga folclórica, pues se presenta el problema de la paternidad, un tópico muy común en México durante siglos, el macho, que hace su voluntad, se ausenta del seno del hogar y de los hijos, entonces se convierte en una silueta vacía y terrible, el padre que no está. Rápidamente la narración se sitúa ya en Cómala, un pueblo abandonado, vacío, habitado por fantasmas, aquí el realismo mágico empieza a cobrar gran relevancia, puesto que los sucesos van a suceder en un pueblo donde los muertos aún lo habitan, Juan Preciado va a entablar un dialogo, varias veces literal, con los muertos y con el pasado para tratar de descifrar por qué su madre lo mandó para allá y tratar de comprender qué fue Pedro Páramo, entonces la narración abandona su estructura lineal y se comienza a desplegar la historia de Pedro Páramo, para regresar por momentos a la historia de su hijo Juan Preciado y ser testigos de cómo a él lo empiezan a consumir los rumores, los ruidos, las ánimas en pena que no guardan silencio, que no pueden descansar nunca, y como él ya siendo otro espíritu errante, comienza a contar su historia a su compañera de tumba, Dorotea.
El relato de los muertos continúa, y se vuelve al pasado, a la historia de Pedro Páramo y de Cómala arrasada por el mismo Páramo, que sufrió tanto de amor que, gracias a su calidad de cacique, decidió arrasar a Cómala, dejando morir a sus habitantes, prolongando hasta Cómala entera la condición de padre ausente y que abandona de Pedro Páramo.

En Pedro Páramo la muerte se adueñó de Cómala, y esta situación se vuelve más intensa para Juan Preciado que es parte de la estirpe de Pedro Páramo, que dejó algo así como un legado de miedo, de rencor, de abuso, es un padre terrible y ausente a la vez, su vacío como se dice temprano en la novela, es un rencor vivo, y a Juan se lo traga toda esa energía, toda esa oscuridad en la que está sumida Cómala, que es otra víctima de Pedro Páramo, y que se vuelve, además de la boca del infierno, un panteón donde sus muertos hacen como que pueden hacer, porque no pueden tener resignación, no pueden superar el trauma ni encontrar el perdón, por lo tanto, Pedro Páramo es una historia de muertos, de esa forma Rulfo convirtió a su novela corta en una de las más destacadas representantes del realismo mágico, inscribiéndola en un lugar de alcance universal.

******

Mi molino de agua se resquebraja
porque los líquidos que hospeda ya están muertos
corroen la médula de la urbanidad
y los sismos se reproducen como larvas.
El aburrimiento nos arroja a navegar
en los canales de la gangrena
volar sobre las plumas reales de este mal agüero
y silbar hasta reventar mis oídos
para distraer a la soledad.
Fluye el agua caduca en reversa
al igual que los tiempos
del salvaje híbrido que me hace reír
del monstruo que me traga todos los días
y dice que está bien, que diga.
Una tormenta contempla el cauce
de la arquitectura estropeada, mortífera para el corazón
que empapada crea ruidos ornamentales
veneno alegre
para los malhechores
anfibios

en funciones.

....

El ruido que viaja por la noche rara
es un rumor que se escapa del eco de tu ausencia,
ausencia fúnebre
y contradictoria
si me acuesto en el río de tu cabello,
en ese castaño dulce,
que calma el dolor
de la desesperación
que nos tiene colgados,
fruta entre tus labios
que crece por todos lados,
que alteran mis horas,
sueño colgado al brillo de tu tedio,
sueño con esa miel que brota de la fruta de tus labios
y de tu saliva que cura mis llagas,

y mis llamas.

***

Giro, me mareo
estoy indefenso,
cómputo silábico,
goce estético,
la felicidad se ve tan mal como ver telenovelas,
como comprar una película pirata,
como vivir en el 2015,
igual que en 1995,
20 años melón mío,
pirata electoral,
nobody cares,
*resuena por quinientos años el nobody cares*
Temblor de suelo.
Soy un ladrón,
príncipe del plagio,
principito del cardio,
me convertí en alto azor por capricho propio,
desayuné disfrazado de ruiseñor con el tal Reyes,
jocosos recuerdos bebiendo el vino
más añejo que encontré mil centímetros a la redonda.
En una playa azul
destellos de caramelo
de dude hipersexual,,
relamido de los cabellos
ladrando que tiene más pétalos que Pablo
espuma roja por su intermitente barba.
Camarada, únete a la orgía de la tercera vía
el sindicato corazón de plástico-casa de muñecas,
en alguna misa negra en Nueva York,
en Neza York,
chisme mal contado.
Perdón por girar hacía sombras inútiles
entendiéndonos en el lenguaje de la F,
que soy el impostor,
que mis alas no son más que unicel cuajado,
me quedó colgado a tus ciruelas que dejaron de rodar,
me quedo colgado a un corto circuito,
de donde me van a sacar con muecas,
y un día ya solo quería mirarla a ella,
y a ella, y a ella,
falsa bandera de mi corazón
que se fugue por la red.
No tengo paracaídas,
no hablo la lengua de los chilenos comunicantes,
no tengo una ubre salada en mi boca,
soy el poeta que mojará las cenizas,
que colgará al mundo de un poste oxidado,
colgar lo colgado de un  coctel de sin sentidos,
erosionar hasta el último fonema formal,
otro robo
otras perras.
      otro vómito.

otro amor.

viernes, 19 de junio de 2015

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Era un regocijo la ceguera funcional
de estos abigarrados coros
tantas voces eléctricas congestionan mi espíritu
tantas ricas grasas moldeando mi sonrisa
Hasta que mi lengua explotó en nauseas
y se apagaron todos los destellos
de la gente virtual
mi cuerpo fue cayendo, no sé dónde
Mi corazón se iba soltando de lastres inútiles
cuando toqué tierra mis conductos aéreos
se llenaron de ternura, de mieles vivas
oí la música vedada para nuestros oídos muertos de tanta cera
La oscuridad iba cediendo por verdes amargos y azules fríos
pasó un remolino manso de burbujas
y después una parvada de vitaminas que iban volando
lo vegetal era el nuevo tránsito
Al que podía estrujar entre mis manos
manos que ardieron en un fuego inverso
y para no morir de piquetes
me oculté entre lo liviano de mi nuevo cuerpo
Y recité oraciones invisibles
que me conectaron con las sabias de las cortezas
tormenta y letanía
cada quien tenía lo suyo
Desde la sociedad bendita de los árboles
hasta las orgías florales de perfumes y venenos
cayó la oscuridad y tuve que aullar como las bestias
no pude replicar ese valiente y distinguido silencio de las hierbas
Se interrumpieron los acordes del viento
pero cuando mi asustada animalidad calló
las aves se desmarcaron de la nerviosa estridencia de mi carne
y como reinas de los vientos
Volvieron a cantar
como cuando mi caída paró
La ceremonia de música plumífera
me hizo subir
por unos hilos de bronce
regresé a vivir entre polímeros y ruidos sintéticos
Pero mis ojos se curaron de ceguera
y eran tantas las imágenes que poblaban mi vista
que empecé a decir, letra por letra
cada accidente y cada color de lo se me revelaba
Hablé tanto que los que me escucharon sintieron mareo
y yo sentía que mi garganta se consumía más rápido que la vida
entonces imité a los vegetales
me adorné con fino silencio
Y de mis manos salieron botones con forma de bolígrafo
que florecieron en forma de versos
se volvieron tulipanes sexuales
girasoles guerrilleros
heliotropos cínicos

y buganvilias marchitas.