sábado, 20 de junio de 2015

El tópico infinitamente breve.

La primer novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, se puede entender como un importante parteaguas del realismo mágico latinoamericano, causando honda inspiración en las generaciones venideras de escritores latinoamericanos; esto debido a la gran originalidad y peculiaridad de la obra, con una temática fuertemente folclórica pero a la vez universal gracias a ciertas novedades literarias desarrolladas mediante una  estructura no lineal y elementos de fusión entre la realidad y un mundo mágico, donde existen valores y posibilidades más allá de lo convencional, como si los mundos que se crean en nuestros sueños despertaran con nosotros y se instalaran en el mundo real; o sea, el llamado realismo mágico más arriba citado.
Aunque en el caso de Pedro Páramo, el mundo que se nos viene abajo, no es el de los sueños, sino el de los muertos, un personaje que parece al inicio de la novela nuestro narrador e inclusive protagonista, Juan Preciado (cuya identidad sabremos poco a poco, al inicio solo tendremos como dato exacto que es hijo de Pedro Páramo) va caminando por el campo cuando se encuentra con un arriero y le explica sus propósitos, llegar a Cómala a ver a su padre Pedro Páramo, por petición de su madre, quien acaba de morir, para reclamarle los que les pertenece, a partir de ahí la obra ya cuenta con una interesante carga folclórica, pues se presenta el problema de la paternidad, un tópico muy común en México durante siglos, el macho, que hace su voluntad, se ausenta del seno del hogar y de los hijos, entonces se convierte en una silueta vacía y terrible, el padre que no está. Rápidamente la narración se sitúa ya en Cómala, un pueblo abandonado, vacío, habitado por fantasmas, aquí el realismo mágico empieza a cobrar gran relevancia, puesto que los sucesos van a suceder en un pueblo donde los muertos aún lo habitan, Juan Preciado va a entablar un dialogo, varias veces literal, con los muertos y con el pasado para tratar de descifrar por qué su madre lo mandó para allá y tratar de comprender qué fue Pedro Páramo, entonces la narración abandona su estructura lineal y se comienza a desplegar la historia de Pedro Páramo, para regresar por momentos a la historia de su hijo Juan Preciado y ser testigos de cómo a él lo empiezan a consumir los rumores, los ruidos, las ánimas en pena que no guardan silencio, que no pueden descansar nunca, y como él ya siendo otro espíritu errante, comienza a contar su historia a su compañera de tumba, Dorotea.
El relato de los muertos continúa, y se vuelve al pasado, a la historia de Pedro Páramo y de Cómala arrasada por el mismo Páramo, que sufrió tanto de amor que, gracias a su calidad de cacique, decidió arrasar a Cómala, dejando morir a sus habitantes, prolongando hasta Cómala entera la condición de padre ausente y que abandona de Pedro Páramo.

En Pedro Páramo la muerte se adueñó de Cómala, y esta situación se vuelve más intensa para Juan Preciado que es parte de la estirpe de Pedro Páramo, que dejó algo así como un legado de miedo, de rencor, de abuso, es un padre terrible y ausente a la vez, su vacío como se dice temprano en la novela, es un rencor vivo, y a Juan se lo traga toda esa energía, toda esa oscuridad en la que está sumida Cómala, que es otra víctima de Pedro Páramo, y que se vuelve, además de la boca del infierno, un panteón donde sus muertos hacen como que pueden hacer, porque no pueden tener resignación, no pueden superar el trauma ni encontrar el perdón, por lo tanto, Pedro Páramo es una historia de muertos, de esa forma Rulfo convirtió a su novela corta en una de las más destacadas representantes del realismo mágico, inscribiéndola en un lugar de alcance universal.

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