Mi
molino de agua se resquebraja
porque
los líquidos que hospeda ya están muertos
corroen
la médula de la urbanidad
y
los sismos se reproducen como larvas.
El
aburrimiento nos arroja a navegar
en
los canales de la gangrena
volar
sobre las plumas reales de este mal agüero
y
silbar hasta reventar mis oídos
para
distraer a la soledad.
Fluye
el agua caduca en reversa
al
igual que los tiempos
del
salvaje híbrido que me hace reír
del
monstruo que me traga todos los días
y
dice que está bien, que diga.
Una
tormenta contempla el cauce
de
la arquitectura estropeada, mortífera para el corazón
que
empapada crea ruidos ornamentales
veneno
alegre
para
los malhechores
anfibios
en
funciones.
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