Era
un regocijo la ceguera funcional
de
estos abigarrados coros
tantas
voces eléctricas congestionan mi espíritu
tantas
ricas grasas moldeando mi sonrisa
Hasta
que mi lengua explotó en nauseas
y
se apagaron todos los destellos
de
la gente virtual
mi
cuerpo fue cayendo, no sé dónde
Mi
corazón se iba soltando de lastres inútiles
cuando
toqué tierra mis conductos aéreos
se
llenaron de ternura, de mieles vivas
oí
la música vedada para nuestros oídos muertos de tanta cera
La
oscuridad iba cediendo por verdes amargos y azules fríos
pasó
un remolino manso de burbujas
y
después una parvada de vitaminas que iban volando
lo
vegetal era el nuevo tránsito
Al
que podía estrujar entre mis manos
manos
que ardieron en un fuego inverso
y
para no morir de piquetes
me
oculté entre lo liviano de mi nuevo cuerpo
Y
recité oraciones invisibles
que
me conectaron con las sabias de las cortezas
tormenta
y letanía
cada
quien tenía lo suyo
Desde
la sociedad bendita de los árboles
hasta
las orgías florales de perfumes y venenos
cayó
la oscuridad y tuve que aullar como las bestias
no
pude replicar ese valiente y distinguido silencio de las hierbas
Se
interrumpieron los acordes del viento
pero
cuando mi asustada animalidad calló
las
aves se desmarcaron de la nerviosa estridencia de mi carne
y
como reinas de los vientos
Volvieron
a cantar
como
cuando mi caída paró
La
ceremonia de música plumífera
me
hizo subir
por
unos hilos de bronce
regresé
a vivir entre polímeros y ruidos sintéticos
Pero
mis ojos se curaron de ceguera
y
eran tantas las imágenes que poblaban mi vista
que
empecé a decir, letra por letra
cada
accidente y cada color de lo se me revelaba
Hablé
tanto que los que me escucharon sintieron mareo
y
yo sentía que mi garganta se consumía más rápido que la vida
entonces
imité a los vegetales
me
adorné con fino silencio
Y
de mis manos salieron botones con forma de bolígrafo
que
florecieron en forma de versos
se
volvieron tulipanes sexuales
girasoles
guerrilleros
heliotropos
cínicos
y
buganvilias marchitas.
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